De La Estribera (Criadores caninos)
 
Próximas Camadas
Recomienda esta web
Educación del perro
Libros y Videos Recomendados
Videos
Noticias
 
Imprime esta página
Nosotros Bóxer Scnauzer Miniatura Pinscher Miniatura Información Foro Links
 
 
Educación (V)
El nombre y la llamada
 

Aquí entramos en el campo de la enseñanza propiamente dicha. En efecto, desde el primer día deberá comenzar a explicarle al cachorro cual es su nombre, y darle a entender que cuando le llaman debe acudir necesariamente.

Como todo el mundo sabe, el nombre debe ser breve y claro: si el que aparece en el pedigrí es largo y altisonante, invéntele un nombre casero corto y resonante (y a ser posible no demasiado común: no es agradable ir al parque, llamar ¡Boby! y ver como llegan cuatro o cinco hocicos sonrientes).

Pero ahora veamos la regla mas importante: el nombre, para el cachorro, no debe equivaler a la llamada. El nombre es un nombre, la llamada es una orden. Considerarlos sinónimos sería un grave error.

Así pues, la orden completa no es "¡Sultán!", sino "¡Sultán! ¡Ven!" (o bien "¡Aquí!", o "¡Komm!", en alemán).

La razón estriba en que es absolutamente imposible, para un ser humano, contenerse de exclamar "¡Sultán!" cuando se descubre que el cachorro ha volcado el cubo de la basura en la alfombra persa y que ahora esta sentado en medio de la misma con aspecto claramente satisfecho.

Es imposible contenerse de gritar "¡Sultán!" cuando nos damos cuenta de que el cachorro se esta comiendo la comida del gato de los vecinos, y es imposible no susurrarle: "Oh, Sultán...", cuando el nos pone el hocico en el regazo y nos pone ojos de Bambi.

Por último, al menos mil veces estaremos hablando con amigos y diremos: "Sultán ha hecho esto, Sultán ha hecho lo otro." Y el cachorro está allí escuchándonos.

¿Dónde radica el problema? Simplemente en que la llamada debe ser una orden indiscutible. Cuando oye la llamada, el perro debe correr inmediatamente junto a su mano. Si como llamada usamos el simple nombre, el perro lo oirá en mil ocasiones distintas de aquella en que se le pide que acuda. Al oír Sultán nunca sabría si lo estamos llamando, regañando, felicitando, o simplemente citando en una conversación, y la eficacia de la orden se vería comprometida (en el tiempo que el emplea para entender que en este caso lo estamos llamando de verdad, podría ir a parar debajo de un coche, o acabar de cometer un acto vandálico).

Si, por el contrario, oye decir: "¡Sultán! ¡Ven!", no podrá tener vacilaciones, porque sabe perfectamente que se trata de una orden; también podríamos limitarnos al simple: "¡Ven!", pero yo sugeriría que siempre fuera precedido del nombre, porque sirve para atraer la atención del perro y, por tanto, para reforzar la orden.

Pero, ¿como hacer que venga el cachorro?
Ya hemos dicho que él no sabe castellano, y que oír la orden: "¡Sultán! ¡Ven!", o una frase como: "¡Hola! ¡Tomate!", para él es lo mismo. Así pues, ¿cómo hacernos entender?

La forma más simple es aprovechar el principio de asociación y llamarlo las primeras veces cuando ya está viniendo hacia nosotros. El cachorro es despierto y tiene una inteligencia muy dispuesta, por lo que asociará rápidamente la orden con la acción de venir. Ahora debemos explicarle que responder a la llamada es algo gratificante y, por tanto, le premiaremos con felicitaciones, caricias y algún que otro bocadito cada vez que acuda a nuestro "¡Sultán! ¡Ven!".

Sin embargo, hasta ahora lo hemos llamado única y exclusivamente cuando ya estaba viniendo. Antes de pasar a la prueba de fuego, para verificar si el cachorro ha entendido de verdad el significado de la orden, debemos ponerle un collarcito atado a un cordel largo y fino que no le ocasione ninguna molestia.
Si el cachorro no estuviese habituado ya al collar, dejemos el ejercicio para más adelante y démosle tiempo primero para habituarse a este extraño artefacto (se rascará durante unos minutos, tal vez trate de quitárselo con las patas, luego se olvidara de él); si el cachorro lleva ya tranquilamente el collar, procedamos.

Esperemos a que el cachorro esté tranquilo y no ocupado en algo particularmente interesante como roer un hueso, y luego demos la orden: "¡Sultán! ¡Ven!"
Si acude, felicitémoslo, premiémoslo, y démosle a entender que estamos muy contentos de su éxito.
Si no acude, tiremos del cordel atado a su collar y hagámosle venir por fuerza. Por fuerza no significa con la fuerza: debemos atraerlo hacia nosotros, pero suavemente, sin arrancarle el cuello.

Nosotros no podemos saber si el cachorro ha desobedecido porque aún no ha aprendido la orden o porque no tenia ganas de venir, pero de esta forma obtenemos dos objetivos:

  1. le permitimos oír una vez mas la orden;
  2. le damos a entender que la cosa es ineluctable: cuando oye decir: "¡Sultán! ¡Ven!" debe precipitarse, o una fuerza inexplicable le obligará a obedecer de todas formas.

Como último refuerzo, cuando el cachorro haya llegado junto a nosotros, deberemos acariciarlo y premiarlo exactamente como si hubiese venido por su espontánea voluntad.

Más adelante, cuando estemos plenamente seguros de que el cachorro ha adquirido una buena llamada, podemos llamarlo sin predisponer el truco del cordel. Pero a la primer a falta volveremos a usarlo, porque el cachorro debe convencerse de que es imposible desobedecer a la llamada.

¿Y esa única vez que desobedece sin cordel? Saldremos corriendo como liebres, sin volver a mirarlo. Un poco por miedo de quedarse solo y un poco porque nuestra carrera estimulará en él el instinto predador (que siempre lo incita a perseguir a quién corre), el cachorro nos seguirá y por tanto habrá obedecido a nuestra llamada. Cuando llega, caricias y felicitaciones como siempre.

Nunca le pegue al perro cuando llega, aunque llegue dos horas más tarde. El cachorro no es capaz de una abstracción complicada como: "Me castigan porque antes he desobedecido", sino que hará un razonamiento mucho mas elemental: "Me castigan porque ahora he venido." Y ya no volverá a venir, temiendo que lo llamen para pegarle.

Pegarle al perro que vuelve es el sistema mas directo (¡y por desgracia más utilizado!) para estropear completamente la llamada. Deseo insistir en ello, porque muchos amos cometen este error de buena fe (y hasta presumen de ello) y luego se asombran con ese imbécil de su perro que nunca obedece a la llamada, a pesar de las severas lecciones recibidas.

Atención: es fundamental que la llamada se le enseñe al cachorro desde muy pequeño, tan pronto como entra en la familia. De esta forma el ejercicio será fácil, divertido, de rapidísimo aprendizaje y muy poco susceptible de regresiones (para el perro alcanzar al amo es una alegría espontánea y natural y es necesario equivocarse absolutamente en todo para lograr transformarla en una experiencia desagradable).

<< Anterior Siguiente >>
(Texto obtenido de "Guía completa para el adiestramiento del perro", Valeria Rossi, Ed. de Vecchi)
 
 
  © Webmaster: Simón