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Todo lo que viene a continuación se refiere exclusivamente
al cachorro y, en algunos casos, el término prevención
podrá parecer inexacto, dado que me referiré
a casos en los que el comportamiento indeseable ya se ha manifestado.
Sin embargo, si intervenimos cuando aparece el problema por
primera vez, la cura es tan sencilla y rápida que el
termino prevención puede ser aún pertinente.
Si en cambio posee un cachorro grande o un adulto con problemas
similares a los que vamos a examinar, ya es demasiado tarde:
su perro necesita una auténtica terapia, y como éste
no es el lugar adecuado para hablar de ella, le aconsejo que
se dirija a un psicólogo canino.
Timidez, escasa sociabilidad con los hombres,
miedo a los demás perros
Este problema revela una carencia de imprinting tanto hacia
los hombres como hacia los perros. Si un cachorro no ha visto
nunca seres humanos en la fase del imprinting, ya no es posible
recuperarlo; si nunca ha visto perros, en cambio, es posible
una parcial recuperación, porque el perro puede husmearse
a sí mismo y a los demás, llegando a la conclusión
de que se encuentra con sus propios semejantes. Sin embargo,
el hecho de que reconozca a los demás perros como congéneres
no excluye que pueda temerlos.
Prevención: el cachorro debe tener un buen imprinting
en ambos sentidos (perro-hombre y perro-perro). Del imprinting
hacia el hombre ya hemos hablado: el imprinting hacia los
perros se consigue en el criadero permitiendo que la camada
entre en contacto con individuos distintos de la madre (el
padre u otros machos adultos). La prevención, en este
caso, se inicia en el momento de la compra. Infórmese
en el criadero y pregunte cómo ha sido criado el cachorro
que le interesa. Si nunca ha visto al hombre y tiene más
de 50 días, no lo compre; si nunca ha visto perros
haga que vea muchos y que juegue con ellos, después
de llevárselo a casa.
Agresividad hacia extraños
El cachorro no debe ser agresivo. Si lo es, ello significa
que tiene miedo. Así pues, puede tratarse también
de falta de imprinting, o bien de carácter débil
e inseguro.
Prevención: en el primer caso no debe comprar el cachorro.
Muchas personas cometen el error de elegir al más gruñón
de la camada creyendo que está destinado a convertirse
en un excelente perro de defensa, pero lo cierto es lo contrario:
el perro de trabajo debe ser muy sociable con las personas,
porque ello significa que no las teme.
Si es un perro de carácter débil pero con un
buen imprinting, hágale conocer a mucha gente lo antes
posible. Haga que lo toquen, acaricien y mimen hasta que desaparezca
todo rastro de temor.
Agresividad hacia el amo
Las causas pueden ser genéticas, ambientales o ambas
cosas. Si se ha preocupado por adquirir un cachorro hijo de
perros equilibrados, probablemente no se tratará de
locura, sino de un intento de dominarle socialmente (esta
tendencia debería haber sido revelada por el test de
Campbell). Preste atención, porque la agresividad del
cachorro nunca es demasiado evidente. Sin embargo, tiene un
inicio si, por ejemplo, le gruñe mientras come o cuando
trata de desalojarlo de la cama de usted. Aunque parezca gracioso
y le haga reir, no se tome a broma estos síntomas.
Prevención: no permita nunca que lo domine, y a cada
exigencia suya contraataque con una orden. Sólo después
de haberla ejecutado, el cachorro podrá ser premiado
con la satisfacción de su petición.
Cada vez que le enseñe los dientes castíguelo
imponiéndose como figura dominante. No es necesario
darle una paliza, basta un "No", a ser posible acompañado
de un manotazo en el hocico o de una vigorosa sacudida por
la nuca.
Debe obtener un gesto de sumisión como dar la pata,
ponerse boca arriba, darle golpecitos con el hocico. Todos
estos gestos significan:"¡está bien, lo
he entendido, mandas tú!". Tan pronto como el
cachorro realiza uno, debe suspender el castigo. Suspéndalo
al instante o cometerá una gravísima injusticia
canina: ningún jefe-perro se irrita con un subordinado
que se ha sometido.
Agresividad hacia los demás perros
También en este caso, probablemente, el cachorro no
ha tenido suficientes relaciones con sus semejantes.
Prevención: llévelo a los parques tan pronto
como sea posible a hacer un poco la vida de jauría,
y no se preocupe demasiado si en algún caso se las
carga. A este respecto, si nos encontrásemos en la
naturaleza, le sugeriría que estuviese muy tranquilo;
un adulto no hiere nunca a un cachorro, ni siquiera por error.
En nuestra sociedad, las cosas no van siempre tan bien, porque
algunos ejemplares están tan desnaturalizados que no
saben ya cómo hay que comportarse y podrían
hacerle daño al pequeño. Pregunte al amo del
otro perro cuál es el temperamento de su amigo y cómo
se comporta con los cachorros. Si sus palabras le tranquilizan,
libere a su perro y deje que aprenda por su cuenta algunas
normas fundamentales de urbanidad canina. Quiero insistir
en que estamos hablando de cachorros. Si su perro fuese ya
adulto y agresivo con sus semejantes no se arriesgue a liberarlo
entre otros perros de su mismo sexo, o desencadenará
peleas que podrían ser cruentas y muy peligrosas.
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